Gasto de millones en sobornos. Por Ricardo Sanchez Serra

Publicado el 4 de junio de 2014
Medio: La Razón

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Recientemente ofrecí una coníerencia académica en la Universidad San Ignacio de Loyola, específicamente a los estudiantes de la carrera de Relaciones Internacionales, agrupados en el importante Club Consilium, sobre "El pueblo saharaui, las Naciones Unidas y el proceso de descolonización". Además, el exfuncionario del Banco Central de Reserva. Manuel Ruiz Huidobro, tuvo la gentileza de presentar mi libro "Solidaridad con el pueblo saharaui", señalando que de esta manera se enfrenta la desinformación marroquí en el Perú. En la charla refiero que las Naciones Unidas deben obligar a Marruecos a que desocupe el territorio del Sahara Occidental, debido a su obstruccionismo en realizar el referendo de autodeterminación y por las constantes violaciones a los derechos humanos dei pueblo saharaui. Lamenté que la comunidad internacional sea indolente ante el sufrimiento del pueblo saharaui, que vive 38 años en campamentos de refugiados asistidos por la insuficiente ayuda humanitaria internacional, ante la invasión a su territorio y que el propio Secretario General de la ONU calificara que dicho statu quo era inadmisible. La ONU será culpable si se vuelve a la guerra. Esa indolencia se debe a los intereses económicos y geopolíticos de algunas potencias que favorecen irresponsablemente a Marruecos, así como la política de este último de aplicar el silencio informativo al tema saharaui, por lo que gastan millones de dólares en lobbies y sobornos a políticos, congresistas, intelectuales y periodistas para engañar y ocultar el drama del pueblo saharaui. No entiendo por qué dichas personas no apoyan al pueblo saharaui, que tiene todos los argumentos jurídicos e históricos que favorecen su postura, como el dictamen de la Corte de La Haya y numerosas resoluciones de la ONU, y sin embargo, patrocinan a Marruecos porque los invitan a ese país con todo pagado, les obsequian presentes o simplemente convidan a almuerzos o cenas. Bio revela, sin duda, carencia de principios y valores. Pobreza de espíritu y compra de conciencias por un plato de lentejas. Por supuesto, que no voy a generalizar. Uno puede ser muy cortés con una embajada o con sus representantes, pero de ahí parcializarse en un problema sólo porque lo atendieron bien o porque los diplomáticos son muy amables, la integridad de esa persona queda en entredicho, pues hay que ser más amigo de la verdad y de la justicia Recuerdo que un diplomático saharaui le enrostró a embajador peruano retirado que había viajado a la ONU para apoyar la tesis marroquí diciéndole: "Usted viajó a Nueva York con la sangre de mi pueblo". Duras palabras, pero es la realidad.

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